¿Estamos preparados para perder?

Hace unas semanas leía la novela de David Trueba, “Saber Perder”. En ella se relatan cuatro historias de los cuatro principales protagonistas con un denominador común: la pérdida de algo. La pérdida forma parte de nuestra vida. Por ejemplo, en un proceso de cambio, inevitablemente vamos a perder cosas. Pero ¿estamos preparados para perder?, ¿podemos aprender algo de una pérdida?

Pese a que continuamente estamos perdiendo cosas, no nos acostumbramos a la pérdida. Perder (o la pérdida) nos deja un sentimiento de orfandad. Por ejemplo, el paso del tiempo, denominado Cronos por los griegos clásicos, lo vivimos como una pérdida. Lamentamos continuamente el “tiempo perdido”, aunque Manolo García se empeñe en contradecirnos. Pero ¿realmente estamos abocados a perder ese tiempo? o ¿somos capaces de darle sentido al tiempo que vivimos? En el transcurso de nuestra vida, afrontamos multitud de pérdidas: amigos, familiares, parejas, salud…por no citar todas las cosas materiales que abandonamos voluntariamente o por causas forzadas. Haríamos bien, en reflexionar qué significado tiene cada una de esas pérdidas, para poder darle un sentido.

Saber perder: qué aprendemos de la pérdida

La pérdida de un ser querido.

Cuando pasamos por este trance inevitable en la vida de cualquier ser humano aparece la emoción de la tristeza. La tristeza nos habla de eso precisamente, de la pérdida de algo importante para nosotros. Sin embargo, la pérdida dispara otras emociones que los psicólogos se encargaron de descubrir y poner nombre a través de lo que llamamos proceso de duelo. Sorpresa, negación, rabia, negociación, tristeza y aceptación.

Estas son las fases por las que pasamos cuando perdemos a alguien o algo. Y, es necesario transitarlas TODAS para poder aceptar y superar una pérdida, sin quedarnos colgados en alguna de esas fases. En cuyo caso, irremediablemente nos dejará tocados y con una emoción enganchada en nuestra alma, que nos generará malestar y sufrimiento, deviniendo, probablemente en una enfermedad.

Aprender de la pérdida.

Por eso, ante una situación de pérdida, podemos adoptar tres actitudes:

  • Quedarnos llorando la pérdida eternamente. Lo cual nos llevaría probablemente a la depresión.
  • Lamentarnos por lo que sucedió, por lo que hicimos o no hicimos. O por cómo deberían haber sido las cosas, enfadándonos con una realidad que obviamente no podemos cambiar.
  • O aprender de la pérdida.

Puede ser difícil y complicado, ver algún tipo de beneficio cuando perdemos algo, sobre todo cuando nos referimos a un familiar o un amigo. Sin embargo, siempre podemos buscar alguna enseñanza. La perdida de un ser querido nos obliga a pensar en lo efímero de nuestra existencia. Hoy estamos aquí y mañana no estaremos, por lo que debemos recordar la importancia, una vez más, de vivir el momento presente. Porque nada ni nadie nos puede asegurar que mañana estaremos. De hecho, sabemos que tarde o temprano, dejaremos de estar.

Momento para reflexionar.

Yendo un poco más allá, la pérdida nos debe hacer confrontar con nuestra realidad. Puede ser un buen momento para evaluar sí lo que estamos viviendo actualmente nos merece la pena. O, dicho de otro modo: sí estamos viviendo una existencia con sentido. ¿Cuántas veces, ante la pérdida de un ser querido, nos llegamos a preguntar sí tiene sentido lo que hacemos o cómo estamos viviendo? No en pocas ocasiones, la pérdida de un ser querido ha terminando siendo una oportunidad para cambiar. Para encontrar un propósito que nos permita de aprovechar el tiempo haciendo lo que realmente nos gustaría hacer.

Saber perder: qué aprendemos de la pérdida

La pérdida nos llevará seguramente a hacernos preguntas que normalmente olvidamos por resultarnos demasiado “filosóficas”. Por ejemplo, ¿quién soy? Responder a esta cuestión nos llevará a conocernos un poco más y entender si nuestra “circunstancia”, como decía Ortega, puede ser modificada, abriéndonos a nuevas realidades. O, también, puede ser la oportunidad para fijar un referente al que acudir por el legado que dejó y evitar que su recuerdo caiga en el olvido. Cuando somos capaces de aceptar completamente la pérdida, podemos llegar a eso que denominamos «el regalo oculto» que nos conduce al agradecimiento. Porque a través de esa pérdida, hemos podido adquirir diferentes enseñanzas o aprendizajes.

Aceptar la realidad de la pérdida.

Por último, y no menos importante, la pérdida debe ser un recordatorio para comprender la enseñanza de los filósofos estoicos: entender que la realidad funciona de un modo completamente diferente al que a nosotros nos gustaría. Es obvio, que a nadie le gusta perder y vivimos con la ilusión de que nuestros deseos se cumplan. Sin embargo, la Vida no es cómo nosotros deseamos, tiene sus propios planes.

Aceptar esta realidad, sin caer en el victimismo y la queja, es un síntoma de madurez. Esto no significa vivir en la resignación, sino entender, cómo decía W. Shakespeare que “El destino es el que baraja las cartas, pero nosotros somos los que jugamos.” Hasta que la Vida, Dios, el Universo o el Cosmos decida poner fin a nuestra partida.

“El dolor es la ruptura de la cáscara que encierra tu entendimiento.»

(Kahlil Gibran)

PD: Este post está dedicado a mi primo Curro y resto de mi familia…y a mi tío Paco, fallecido recientemente. DEP.

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