Y tú, ¿para qué te levantas cada mañana?

El hombre acelerado.

Quizá, uno de los mayores problemas que tiene el hombre del siglo XXI es vivir en esta sociedad “hiperacelerada”. Todo va deprisa. Un mundo caracterizado por la aceleración, más allá de la inevitabilidad del cambio. Y nuestro estilo de vida refleja esa aceleración en agendas repletas de actividades y tareas, que nos conducen a agotar los días de la semana, del mes y del año, sin apenas reparar en una pregunta que nos bloquea y que inevitablemente nos hace parar: y tú ¿para qué te levantas cada mañana?

 

Es probable, que cuando hagas esta pregunta a alguien acostumbrado a correr sin parar como un hámster en su rueda, se quede extrañado mirándote, sin saber muy bien qué contestar. También, puede suceder que la respuesta inmediata sea: para trabajar, para cuidar a mi hijo, para conseguir esto o aquello, para ganar dinero, para pasarlo bien… Y sí somos capaces de seguir progresando en una sucesión continua de “para qués”, llegaríamos a la conclusión, de que todo lo que hacemos en esta vida, lo hacemos para que nos quieran, nos aprecien o nos reconozcan. Y eso, ya sería un gran paso.

 

Contestar preguntas requiere pararse a pensar.

Sin embargo, llegar a esa conclusión requiere al menos un tiempo para pararse a pensar. Y nos da miedo parar para pensar, porque supone entrar en nosotros mismos. En nuestras contradicciones, miedos, inseguridades, dudas…Todo eso que no queremos mirar, porque nos aterra descubrir que esas preguntas que deberían ser nuestro faro, no sabemos responderlas. Cuando a alguien le preguntas quién es, qué quiere, para qué lo quiere, cuáles son sus valores o para qué se levanta cada mañana, en general, entra en bloqueo y se escuda respondiendo que eso son cuestiones para filósofos y que saber eso no le reporta ningún beneficio.

 

Ahora bien, cuando las cosas se tuercen, cuando no salen como queremos, cuando la adversidad llama a nuestra puerta, acudimos raudos a cualquiera que nos ayude a calmar nuestra ansiedad. Necesitamos resolver nuestros males, porque no somos capaces de soportar el dolor, las dificultades, la incertidumbre, el fracaso… Y, además, exigimos la respuesta inmediata o la pócima mágica con la que resolver nuestros problemas. Porque no podemos entender como el hombre en pleno siglo XXI no tenga respuestas para cada vicisitud a la que se enfrenta.

 

Acudir al tópico.

Preferimos justificar lo que nos pasa acudiendo a los tópicos o eludiendo nuestra responsabilidad. Todos hemos utilizado alguna vez estas expresiones o estamos cansados de escucharlas cada día: “estoy mal porque mi jefe es un cabrón”, “no encuentro trabajo porque la cosa está muy mal”. Incluso en el fútbol, estamos hartos de escuchar la famosa coletilla al final de cada partido: “hemos perdido porque el fútbol es así” o “la clave ha sido el árbitro”. Sin embargo, ni profundizamos, ni analizamos el por qué o la causa de lo que nos ocurre. Preferimos buscar un culpable, echando balones fuera y convertirnos en víctimas de un mundo que nos tiene manía.

Señalando, Acusación, Acusar, Culpar, Dedo, Punto

Nos da pereza profundizar, analizar, indagar, buscar las causas de lo que nos pasa. Y, además, el mundo conspira para que no lo hagamos. Siempre hay una distracción a la que agarrarnos para olvidarnos de pensar en lo que nos pasa. Incluso podemos justificar lo que nos sucede apelando a la casualidad, porque a veces, las cosas suceden sin tener una causa. Es decir, el azar, la mala suerte o el destino querían que las cosas fuesen como son.

 

El cambio comienza por uno mismo.

No voy a negar la complejidad del mundo, de la vida o de las personas. También creo que el azar, la suerte y el destino juegan un papel importante en nuestras vidas. Pero entenderíamos mucho mejor lo que nos pasa, sí en un ejercicio de responsabilidad y proactividad, aprendiésemos a parar para pensar, reflexionar, profundizar, analizar, indagar sobre qué ha pasado en nuestra vida. Comprender que pese a todo, generalmente suele haber una causa o varias, cercanas o lejanas, que provocan dónde estamos hoy. Un tiempo para pensar, pero también para darnos cuenta de cómo nos sentimos, qué sensaciones tenemos, qué sentimientos nos gobiernan o qué emoción sigue enganchada en nuestro interior y nos dirige a su antojo.

 

Sin embargo, preferimos acogernos a la visión más simplista “del aquí y el ahora”. Se ha instaurado la dictadura del momento presente, donde parece que sólo es importante el presente, porque es lo único que tenemos. Se demoniza el pasado y se menosprecia el futuro. Sin embargo, seguimos atrapados entre promesas (expectativas) y recuerdos (nostalgia). La cuestión es ¿qué aspectos positivos podemos extraer cuando miramos el pasado y el futuro, sin caer en la nostalgia o en las expectativas? Porque en el pasado están las claves de muchos aprendizajes del ser humano y en el futuro reside la ilusión, el deseo y la transformación.

Reloj, Reloj De Bolsillo De Las Señoras, Tiempo

¿Dónde está la felicidad?

Hace poco escuché a una persona decir, que nadie sabe dónde está la felicidad. Sí lo supiéramos todos iríamos hacia ese lugar o haríamos lo que hace la gente que es más feliz. Sin embargo, cada uno necesita encontrar su propio camino. Y los más sabios ya nos indicaron por donde comenzar a recorrerlo: “conócete a ti mismo”. Es en ese conocimiento, llamado “autoconocimiento”, cuando comienzas a darte cuenta de quién eres, de qué quieres, de lo que es realmente importante, de la importancia de respetar tus valores, de encontrar un propósito que vaya más allá de uno mismo y de sentido a tu vida.

 

Para terminar, dándote cuenta, que quizá, no importen tanto los resultados, el éxito o alcanzar grandes logros. Sino que lo realmente importante está en las pequeñas cosas, las más cotidianas y sencillas. Aprender de la experiencia para ir ganando en sabiduría, a través de esas virtudes que todos anhelamos, pero que cuando más las necesitamos no las encontramos (serenidad, paciencia, perseverancia, esfuerzo, disciplina, confianza, fe…). Quizá, sólo entonces podamos contestar ¿para qué nos levantamos cada mañana?

 

“En la noche, antes de dormir, toca pasar revista a todo lo que uno ha hecho durante el día. Quien dedica todo su tiempo al barullo de los negocios o a los entretenimientos, sin jamás cavilar sobre su pasado, y así va devanando su vida incesantemente, termina por perder la luz de su buen tino.”

(Arthur Schopenhauer)

 

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