El reino de la personalidad…

Dice el pensador Gilles Lipovetsky que actualmente vivimos en el “reino de la personalidad”. Un momento del tiempo caracterizado por el deseo irrefrenable de revelar nuestro ser verdadero, para conocer la autenticidad que nos permita diferenciarnos del resto y lograr el éxito. La idea no es nueva, de hecho, el aforismo que coronaba el Templo de Apolo en Delfos, “Conócete a ti mismo”, ha sido atribuido a diversos pensadores de la Antigua Grecia (Heráclito, Quilón de Esparta, Tales de Mileto, Sócrates, Pitágoras o Solón de Atenas).

Sin embargo, sí ahora mismo te preguntaran “¿quién eres?”, ¿podrías dar una respuesta que fuera más allá de tu nombre, edad, profesión o aficiones? Quizá si, aunque lo más probable es que balbucearas algunas frases inconexas que te permitieran salir del aprieto. Al menos, eso fue lo que me ocurrió a mí hace un par de años. Quizá, por eso comencé a pensar, reflexionar y preguntarme sobre quién era realmente. Y, en cierta medida, de ese proceso surgió “GROWIN´ UP. LO QUE APRENDÍ DE BRUCE.” Porque como dice el filósofo Javier Mazza:

“Sí no nos narramos no sabemos quiénes somos; sí no sabemos quiénes somos, no sabemos qué tenemos que hacer”.

¿Para qué es importante saber quién eres?

En primer lugar, porque sí no sabemos quiénes somos, difícilmente vamos a saber qué queremos o adónde queremos llegar. Conocerse es necesario para saber qué queremos. Sí conocemos nuestras fortalezas, debilidades, valores, necesidades, intereses, aficiones, motivaciones, etc … podremos identificar dónde estamos, qué necesitamos para mejorar y poder alcanzar nuestros deseos u objetivos.

Y, en segundo lugar, porque la persona con la que vas a pasar más tiempo en esta vida eres tú mismo. Cada mañana desde que te levantas comienzas a hablarte a ti mismo. Te lanzas mensajes de forma continua. Tienes pensamientos, sentimientos o sensaciones que te elevan o te hacen descender a los infiernos. Por eso, es necesario conocer tu yo interno, tu voz interior, hacerte amiga de ella, para que los mensajes que recibas sean constructivos y no te machaques con la queja, la culpa, la ira, la tristeza, el miedo, etc…

El privilegio de ser lo que eres

¿Quiénes somos realmente?

Una de mis canciones favoritas de Bruce Springsteen es Brilliant Disguise. En ella, Bruce se pregunta quién es él realmente. ¿Es él o un brillante disfraz? Hace casi 2.400 años, dos de los más grandes filósofos de la Historia, Platón y Aristóteles, se plantearon también esta cuestión. Para Platón nuestra existencia era una mala copia de otra realidad imperecedera mayor, situada más allá del espacio y el tiempo, que denominaba «el mundo de las ideas o formas», y sólo a través de la razón podíamos descubrir esa realidad. Mientras que Aristóteles abogaba por un mundo más terrenal enseñándonos que el saber (incluido sobre uno mismo) era la mayor virtud para el hombre y que a ella se accede a través de los hábitos.

Ambos filósofos fijaron dos líneas de pensamiento principales para responder la cuestión ¿quiénes somos? en base a dos conceptos: la razón (Platón) y la experiencia (Aristóteles). Y desde ahí, todos los grandes pensadores y filósofos fueron agrupándose en los que apelaban a la razón para definir la esencia del ser humano y los que defendían el predominio de la experiencia y las percepciones para conformar la naturaleza del hombre.

Ser lo que eres

Una de las corrientes filosóficas que surgieron a finales del siglo XIX, y que tuvo entre los principales exponentes a Friedrich Nietzsche, Martín Heidegger, Jean-Paul Sartre o Simone de Beauvoir, fue el existencialismo. Para estos filósofos el “autoconocimiento” (saber quiénes somos) no tendría que ser un objetivo final de la vida, sino el punto de partida. El objetivo principal del hombre sería pasar de una identidad que nos hemos construido (estudios, profesión, gustos, aficiones, etc), al verdadero yo (la esencia) en base a las experiencias que vivamos a lo largo de nuestra existencia. De ahí, la famosa frase de Jean-Paul Sartre: “La existencia precede a la esencia”.

De esta forma, responder a la cuestión “¿quién soy?” requiere vivir experiencias y situaciones concretas que nos ayudarán a ir conformando nuestra identidad. En este sentido, no sólo será necesario vivir esas experiencias, sino también tomar conciencia de los aprendizajes que tengamos de cada una de esas vivencias. Desde ahí, iremos descubriendo nuestro ser o esencia, aquello que realmente somos y que el filósofo alemán F. Nietzsche resumió en la siguiente frase:

“Conviértete en lo que eres. Haz lo que sólo tu puedes hacer.”

El privilegio de ser lo que eres

Descubrir y desarrollar alguna de nuestras potencialidades

Cada uno de nosotros tenemos una esencia única. De hecho, nacemos con diversas potencialidades que nos hacen distintos a los demás, en base a nuestra genética (los atributos que heredamos de nuestros padres o antepasados). Aristóteles lo definía como la “primera naturaleza”.

Sin embargo, lo que nos va conformando y construyendo es nuestra capacidad para desarrollarnos a través de las circunstancias o el entorno en el que crecemos y nos relacionamos con otros. El reto y la clave del éxito de la vida radica precisamente en conocer y desarrollar alguna de estas potencialidades, lo que nos hace ser auténticos y singulares. De ahí surge esa identidad propia o personalidad. Y que tiene mucho que ver con lo que Aristóteles definía como la “segunda naturaleza” o carácter. Que se desarrolla a través de los hábitos y comportamientos que adquirimos.

Cambiar para descubrir nuestra singularidad

Pero para descubrir y desarrollar nuestras potencialidades es necesario hacer, moverse, perseguir, tener curiosidad, probar nuevas experiencias, tener diversas vivencias… Es decir, es a través del cambio cuando llegamos a conocer nuestra singularidad y desde ahí se produce nuestro crecimiento, desarrollo o progreso.

Por eso, el camino para descubrir «quiénes somos» es tan complejo porque nos cuesta cambiar, aceptar nuevos retos y preferimos quedarnos donde estamos. Descubrir quiénes somos requiere paciencia y prudencia. Necesita una constante experimentación y aceptar que la personalidad siempre se está formando, conociendo nuevas potencialidades y adaptándonos a un entorno cambiante para poder ofrecer nuestra mejor versión.

“Quién cree conocerse bien es que no sabe nada en absoluto.”

Sócrates

Growin´Up: Lo que aprendí de Bruce

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