Pasar la tormenta.

“Sí quieres el arcoíris tienes que aguantar la lluvia”. Y, a veces, no sólo llueve, sino diluvia. Son aquellas situaciones en las que la vida se oscurece de tal forma que cuando miras al cielo buscando un rayo de luz, lo único que ves, día tras día, es un cielo color de cemento. Son los momentos en los que la adversidad, en forma de enfermedad, pérdida de trabajo o de un ser querido, llega a nuestra vida. Son etapas en las que estamos jodidos, porque las cosas se ponen muy complicadas, y dónde es difícil encontrar consuelo o esperanza. Ahora bien, ¿aprendemos algo cuando estamos jodidos?

Ayer hablaba con un amigo que está pasando una grave enfermedad. Y tras haber pasado los momentos más duros del tratamiento, me contestaba a esta cuestión.

“Cuando estás jodido, aprendes a sobrevivir. Puede que con la perspectiva y la distancia que da el paso del tiempo, pueda extraer otros aprendizajes, como tomarme la vida de otra forma, disfrutar más, no estresarme tanto…Pero cuando estás jodido de verdad, lo único que quieres y puedes hacer es sobrevivir. Pedir, a quién creas, sí crees, que hoy no tengas dolor.”

En la adversidad sólo vale el día a día.

Cuando pasamos por momentos adversos, queremos que terminen lo antes posible. Y caemos en el error de hacer predicciones, basadas más en nuestros deseos y expectativas, que en una realidad compleja que no podemos controlar. Sería conveniente recordar una pregunta que le hicieron a Jame Stockdale, piloto de combate, preso durante siete años en Vietnam del Norte. ¿Quiénes no lograron salir del Hanoi Hotel? Él contesto:

“Oh, eso es sencillo, los optimistas. Esos que decían: saldremos para Navidades. Y las Navidades venían y se iban. Entonces decían: saldremos por Pascua. Llegaba la Pascua y se iba. Y después el día de Acción de Gracias y después eran de nuevo las Navidades. Y murieron a causa del corazón roto…”

Porque el optimismo no va de ver la vida color de rosa o querer que la realidad se ajuste a nuestras expectativas. Bien sabemos, que las expectativas matan como puñales. El optimismo va de crear “micromundos”, entornos dónde realmente podemos hacer algo sobre aquellas cosas que están a nuestro alcance. Va de plantearnos metas y objetivos que sean posibles.

Confianza en el triunfo final.

En la adversidad, superar un día es una victoria. Ya lo decía Churchill, “sí estás atravesando un infierno, sigue caminando”. Sólo puedes agarrarte a la fe o tener confianza en que mañana estarás mejor. Aunque ese mañana, no tiene que ser necesariamente el día siguiente, ni que los problemas hayan desaparecido. Hay días en los que caemos en una espiral emocional negativa. Esos días son duros, porque tu mente deriva a pensamientos negativos o catastrofistas. Podemos apelar a cambiar esos pensamientos por otros positivos. Sin embargo, en esos días, no resulta sencillo realizar esa mutación de pensamientos. Ni tampoco sirven los libros de autoayuda o apelar a los siempre sabios consejos que nos legaron algunos filósofos.

Sólo vale pasar esos esos días, atravesarlos y esperar a que cuando te despiertes al día siguiente, tu actitud haya cambiado. Sólo podemos asirnos al agarradero de otra frase de un estoico moderno como Stockdale y entonar el «No surrender» de Springsteen:

“Nunca se debe confundir la confianza en que al final triunfarás – que nunca puedes permitirte el lujo de perder – con la disciplina para enfrentarte a los hechos más brutales de la propia realidad actual, sea cuál sea.”

LA ADVERSIDAD: ¿QUÉ APRENDEMOS CUANDO ESTAMOS JODIDOS?

Y tú, ¿qué aprendiste de esto?

Dentro de unos meses o años, cuando todo lo vivido durante este año largo y lo que nos queda, se termine, irremediablemente ésta será una pregunta de rigor. Nos podemos poner estupendos hablando sobre nuestros aprendizajes. Seguramente, hablaremos de que fuimos más resilientes. Que tomamos una mayor conciencia de nuestras emociones. Que fuimos más empáticos o compasivos con los demás… O que nos dimos cuenta que el hombre propone y Dios dispone.

Pero la prueba de fuego, la tendremos cuando la adversidad aparezca de nuevo. Por eso conviene no ser demasiado presuntuosos a la hora de hablar de nuestras enseñanzas y aprendizajes. Porque podemos estar seguros, que la vida nos volverá a poner a prueba, para comprobar sí eso que decimos, ciertamente hemos sido capaces de integrarlo en nuestras vidas.

“La esperanza no es la convicción de que algo va a salir bien, sino la certeza de que algo tiene sentido, independientemente de cómo resulte”.

(Václav Havel)

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